¡Oh! Si pudiera navegar con Caronte
en las aguas de esa mar de desolación
la misera sería menor, tal vez, para él.
Pero todavía no me toca visitarlo.
Quizás podamos conversar un día
de las oscuras pesadillas
que atormentan nuestras vidas.
O tal vez podamos burlarnos
de las banalidades
de las que se preocupan
los mortales.
¡Oh muerte! ¿Por qué eres tan temida?
¿Si eres parte de la vida?
Si eres una dulce fantasía
para los males terrenales.