sábado, 29 de agosto de 2009


No sé…

No pertenezco a ningún grupo realmente.

Soy libre.

Soy nómada o quizás como un vagabundo. Tal vez soy una paria.

No pertenezco a un lugar específico.

Soy una mota que vuela con el viento, que recorre mil caminos, que se extravía pero a la vez nunca está perdida.

Una mota que deja que el viento la haga danzar en cualquier lugar, que cae en un arroyo y fluye con la corriente hasta que en un punto alcanza la orilla y debe nuevamente avanzar.

Nadie me retiene, a nadie le pertenezco (sólo a Dios), pero así mismo nadie me pertenece.

Voy de un lado a otro como si fuese un juego. Colecciono algo nuevo de cada lugar que visito.

Que haga mi viaje sola, no significa que esté sola.

Atesoro recuerdos como si fuesen golosinas que se reservan para ocasiones especiales. Me permiten continuar mi viaje.

Después de todo, este mundo no es tan oscuro como lo pintan a veces. Todo depende del punto de vista, desde qué perspectiva se observan las cosas y con qué colores coloreamos los días.

miércoles, 12 de agosto de 2009

MENTAL


Es algo de locos. Es como morir de a poco.
Dentro de mis pensamientos, estoy atrapada.
Las cadenas son los recuerdos.
El verdugo mi memoria.

Esta cárcel de emociones, de sentimientos no me quiere liberar.
Y la verdad no estoy muy segura de si quiero escapar.

Dulce martirio. Masoquismo irremediable.

Sumergiéndome en mis pensamientos, intentando no ahogarme.
Me voy abriendo paso en un mar de confusiones.
Tal vez si nado lo suficientemente rápido pronto llegue a la orilla donde habita la cordura.
Tal vez todavía exista una pequeña esperanza que pueda salvarme.

domingo, 9 de agosto de 2009

Silencio


¿Son esas las palabras que no puedo pronunciar?
¿Son aquellas las que mi sueño no me dejan conciliar?
¡Entonces quizá lo mejor sería gritar!
Gritar aunque sea en soledad.
¿Dónde está mi voz cuando la necesito?
¿Dónde se esconde mi mirada cuando te encuentra?
¿Acaso el papel es más conveniente?
No, no lo es. Ayuda pero no es la verdadera solución.
¡Entonces quizá lo mejor sería olvidar!
Olvidar, suena tentador pero es algo que no se puede forzar.
Desear tener amnesia es como desear querer contar las gotas de agua que caen del cielo al mar.
De todos modos ya estoy cansada de escapar. De encerrarme en mi realidad.
Quiero viajar a cualquier otro lugar, fuera de mí misma donde me pueda encontrar. Donde deje de callar.
Quiero todos esos sueños convertirlos en algo más real.
¡Entonces quizá lo mejor sería actuar!
Actuar…es verdad ¡lo mejor sería actuar!
Reaccionar, respirar, hablar.
Y ahora es cuando las palabras no logro encontrar.

¡TE QUIERO!



Eres como la música para mi alma, como un marcapasos para mi corazón que se detiene cuando no estás.
Eres como el sol al despertar, como reírse a la orilla del mar.
Eres como el suspiro de mis labios, como la luz de mis ojos.
Avellana, miel y trocitos de aceitunas esparcidos en el iris de tus ojos, eso es lo que hay.
Dulce y sutil. Tierno y cauto. Adulto y niño. Un misterio que quisiera revelar.
Eres como la noche al caer. Como las estrellas que iluminan la oscuridad.

Mi alma danza con tu música, mi corazón late con tus pasos.

De repente la música se aleja y mi alma queda en soledad. Esperando que la música vuelva a tocar.
Mi corazón queda en hibernación. Nunca antes había tenido esta sensación.
Quiere descubrir qué es lo que ocurre, quiere saber cómo es posible que alguien lo haga palpitar.
Quiere saber cómo podía antes respirar y por qué duele cuando no estás.

Eres como la arena en mis pies, escurridiza pero gentil.
Eres como la palabra no dicha, oculta e intrigante.
Como la canción aún no lista esperando los últimos versos.
Como la flor que crece, suave pero resistente.
Eres como la sombra que me acompaña en mis momentos de alegría.

Mi alma descansa en tus latidos, mi corazón aguarda por tu cariño.

Noche


Es dulce despertar con las notas melódicas de las aves. Y luego el delicioso aroma de la tranquilidad.
Sentir el suave roce de la brisa marina en el rostro y observar tu cabello danzar con el viento.
Acariciar con los pies la arena y sentir la frescura de la marea tocar tu cuerpo.
Correr, saltar, reír, descubrir.
Descubrir las pequeñas formas de vida que se esconden en la arena, en el mar. Pequeñas y sorprendentes.
Dibujar huellas que la marea se guardará para sí.
Risas se oyen a lo lejos… pero se sienten cálidas como si fuesen cercanas.
Pensar, reflexionar, ser uno con el mar. Conectarse.
Observar el cielo, sentir la paz que provocan las blancas nubes en ese fondo celeste.
Y dejar que llegue la noche. Ser acobijado por las estrellas.
Pensar y reflexionar.
¡Qué hermoso que es todo! ¡Todo eso y mucho más!
Ver cómo cambia la luna a través de los días: luna nueva, cuarto creciente, luna llena, cuarto menguante.
La noche estrellada, un paisaje tan lejano y tan cercano a la vez, casi como un susurro, como un suspiro, como tú.
Aquí la refrescante brisa vuelve a acariciar nuestros cuerpos, nos envía un mensaje de paz, nos alienta a soñar en tranquilidad.
La noche en vela nos protege nos abriga sin sofocar, hasta que otro nuevo día vuelva a empezar.