miércoles, 16 de diciembre de 2009

Algún día...


Y mis besos colmaran tus ansías de amar, de ser amado, de sentirte protegido y mimado.
Y algún día recordarás aquellos momentos en que la soledad estaba a tu lado, acompañándote y los desecharás de tu memoria los dejarás donde deben estar, en el pasado.

Despertarás y verás al sol con otros ojos, la lluvia no te hará sentir frío, el calor no te abrasará, tu almohada hará reposar tu cabeza con sueños dulces, mi almohada ya no recibirá mis lágrimas.
Y mis abrazos te darán seguridad, confianza y realzarán las mías propias.
Y los sueños de tener alguien que te ame a tu lado, ya no serán sueños nada más…se harán realidad.

La luna, las estrellas, las nubes y el sol, todos ellos te acompañaban cada día, aun lejos de ti. Un día dejarán de ser ellos los únicos que te acompañen. Y permaneceré junto a ti en todo momento en mi pensamiento.

Descansarás bajo la sombra de un árbol apoyando tu cabeza en mi regazo, sentirás la suave brisa refrescante mientras yo sigo el ritmo de tu respiración y tú el latido de mi corazón.

Y algún día será así, te encontraré y me encontrarás.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Vacío



Está ahí al acecho. Es como un buitre esperando a que muera para darse un festín con mis restos.
Por más que quiero no logro ahuyentarlo. O tal vez, ¿no quiero ahuyentarlo? Lleno de amargura y aborrecimiento se ha encargado de sumergirme en la oscuridad de su mundo, en la neblina interminable, en los senderos sin rumbo, en el dolor y la agonía.
Ella está ahí, a la espera de mi último suspiro, a la espera de mi muerte.
Ve cómo cada día me voy debilitando, le hace gracia…algo poco común en ella porque ella no siente. Es un barril vacío. No es capaz de generar amor, valor o ternura; sólo se encarga de absorberlos y convertirlos en odio, temor y rechazo. El calor lo transforma en frío.

Ella está ahí, a la espera de envolverme por entero en su tormentosa marea de veneno de amargura, de soledad.
Intento en vano escapar, pero tiene mil ojos que vigilan todos mis movimientos. A veces ella se cansa y cae dormida, es cuando intento retomar fuerzas y nadar hacia la orilla donde podré encontrar tranquilidad. Pero apenas logro acercarme. No soy lo suficientemente rápida…

Ahogo


Qué hermosa niña. Estaba alegre.
Qué hermosa que era. Era diferente.
Sonreía con total libertad, sin ataduras, sin amargura.
Era feliz. Dios lo sabe.
Entonces, ¿qué pasó?
¿Por qué de repente las nubes se tornaron gris, incluso en los días de sol?
Como si algún gusano decidió entrar hacia su pequeña cabecita, intoxicándola, esparciéndole un veneno de efecto tardío.
Nadie lo vio venir, nadie se percató. Nadie lograba entender, descubrir que sucedía dentro de su mente y corazón.
Pasaban los días, los meses, los años. El gusano actúa apaciblemente, inyectándole dosis de dolor, de tormento, de tristeza, de deseos de muerte. Hasta ahora es así.
Pero el bicho es listo, la deja descansar. Deja que la niña muestre su sonrisa de vez en cuando y de esta manera que alumbre todo con su luz, con su dulzura. Así nadie sabe que él todavía permanece allí, listo para enviar otra dosis en cualquier momento, cuando nadie lo vea; quizá mientras la niña duerme, mientras sueña, mientras tiene pesadillas y los monstruos la atormentan; cuando ni ella misma sea capaz de defenderse.
Gusano, virus maldito. Te odiamos. Incluso tú mismo te odias, lo sabes bien.
¡Ya detente! Deja a la niña descansar, déjala jugar en libertad, ser ella y nadie más.
Déjala sonreír de verdad, no la ahogues más.
Por favor, aléjate de su mente…..de mí mente