martes, 7 de diciembre de 2010

Quisiera...


Quiero lanzarme a una piscina,
sentir el agua correr y jugar por mi cuerpo,
flotar apaciblemente y reposar, y pensar.

Quiero zambullirme y adentrarme en la profundidad
nadar, nadar, nadar y olvidar...
Olvidar las angustias, olvidar el dolor, olvidar la desolación.

Quisera flotar, mirar al cielo, cerrar los ojos y encontrarte allí.
Sinceramente eso no es tan difícil, siempre estás aquí.
Lo verdaderamente difícil sería que al abrirlos estuvieras junto a mí.
Al menos por suerte como dicen: "Soñar no cuesta nada".

Aunque pensándolo una vez más, quizá sería mejor que así lo fuera.
Así tendría menos posibilidades de extrañarte tanto y sentir esa nostalgia.

Estoy aquí en el mismo lugar en el que alguna vez estuvimos los dos,
tanto tiempo ha transcurrido ya, que parece casi irreal.
¿Tanto tiempo? Nueve meses han pasado desde aquel día...
¿Es eso demasiado demasiado tiempo?
No lo sé, pero cada segundo que pasa sin ti, parece una eternidad.

Y pensar que hace nueve meses moría por besar tus labios,
por probar tu esencia, tu dulzura...
Recuerdo ese día, luego de martirizarme viéndote recostado en el césped
haber deseado tanto tu boca en aquella librería.
El solo estar sentada junto a ti me hacía completamente feliz.
Sentía una emoción inigualable y ansiaba que el tiempo dejara de transcurrir.

¿Cómo puedo explicarte cuánta falta me haces?
¿O decirte el daño que me hago al recordarte?
¿Por qué tienes que estar tan lejos de mí?
y más aún, ¿por qué tienes que estar lejos de mí?
Quisiera saber si me extrañas tanto como yo a ti.

Quisiera...

lunes, 2 de agosto de 2010

Lo sé...


Me quedarán aquellos recuerdos…

Sentiré el aroma de las rosas de abril,
La ligera e inconfundible frescura de la menta en chocolate.
Porque nada de esto se olvida, no hasta el final de nuestras vidas.

Y ¿qué es la vida en sí? ¿Hasta cuándo dejamos de morir, cuando empezamos a vivir?
¿Cuándo un respiro se hace lo suficientemente fuerte como para ser escuchado por los oídos de quien nos contempla desde el infinito?

Me quedaran las caricias de mayo y los besos del verano.
Y desde dondequiera que te encuentres, sabrás que estoy pensando en ti. Y yo sabré que me recuerdas y que nada de esto fue ilusorio.
Desde una ventana, lejos de aquí, sonreirás aunque no pueda verte ya más.
Y quizá por un instante, por un ínfimo segundo saborees en tus labios, los recuerdos que tu memoria supo resguardar.

Me quedarán aquellos recuerdos, y vaya que no los podré borrar.
Porque la vida no sería vida sin todo por lo que he tenido que pasar.

22 de Mayo


Estoy aquí, en mi cama. A la espera de la tranquilidad.
No hay más que el sonido de los autos y el silencio en medio de la oscuridad.

Acostada, abrigada, envuelta entre cobijas que me atrapan sin querer.
Y entre medio de la calidez, voy soltando mi mente, comenzándome a desenvolver.

Es irónica la vida, tanto que amor yo pedía, y ahora parece que lo estoy obteniendo
y a la vez siento que lo voy perdiendo.
¡Qué gracioso! ¡¿Quién diría que algo así podría suceder?! ¡Y a mí!

Pasan los días, pasan los días. Los días pasan sin cesar.
Risas, y alegría. Sonrisas que guardadas estaban dentro de mí comienzan a aflorar
Mas siento que el invierno con sus lluvias y días grises me dice que están por marchitar.

Qué irónico en verdad. Tanto tiempo a la espera del amor, tanto tiempo buscándolo
Y ahora, siento haberlo encontrado así por casualidad. Irónico, ahora no me queda más que dejarlo.

Dejarlo partir. Dejarlo ir. Dejarlo volver a donde pertenece él.

¿Cómo hacerlo ahora? ¿Ahora que no tengo el valor para dejar de ser feliz?
Sabía que no debía encariñarme y sin embargo lo hice así sin darme cuenta.
Y ahora debo dejar que vaya de vuelta
Y siga siendo feliz, pero ahora sin mí.

Llegará allá, y quizá se encuentre con los brazos de alguien más.
Con los besos de otros labios, mas los míos ya no estarán.

No pienses más, me digo a mi misma. ¡Cómo desearía al tiempo poder detener!
Para poder disfrutar con él, interminables días de alegría y felicidad, sin nada que temer.

jueves, 4 de marzo de 2010

Para:


A aquellos valientes que aman sin condición.
A aquellos que miran al espejo y son felices con quienes son.
A aquellos nobles que lo dan todo por amor, aun cuando ello signifique morir de dolor.

A aquellos que cuando miran al otro no ven sólo su exterior.
A esos que pueden llegar a tocar tu corazón.

A aquellos que no sólo hacen sonreír a tu rostro pero también a tu alma.
A esos sabios que están ahí para apoyarte e incluso levantarte cuando has caído, de la manera más sencilla y humilde pero la más sublime de todas.

A aquellos con quienes compartes tus penas, tus alegrías, tus logros y fracasos.
A los que están ahí para consolar tu llanto, para prestar su hombro, para abrir su corazón.

A los valientes que no piensan en el futuro sin dejar de disfrutar al máximo del presente.

A esos inigualables que a pesar de haber experimentado un pasado doloroso, han logrado salir adelante.

A ellos, que aman sin fronteras, a ellos que aman de verdad, a ellos cuyo corazón es del tamaño de su puño pero cuyo amor es más inmenso que el mar.

Infinito...


Me gusta la vida en verdad. La vida en sí.
No me refiero exclusivamente a mi vida. Tampoco quiero decir que no me agrada la vida que tengo. Es buena. Dios ha sido bueno conmigo. Tengo mucho por lo que estar agradecida.
Inclusivo debo decir que agradezco aún los momentos desagradables porque gracias a ellos he podido disfrutar mucho más los pequeños momentos de felicidad. Total después de cada noche se levanta un nuevo día.
Me gusta la vida. Admirarla en todo su esplendor. Admito que en ocasiones, en ataques de histeria no la he sabido valorar, no la he querido apreciar.
Pero es tan hermosa de verdad. Observar cada pequeño detalle. El rocío de las flores, incluso él se aferra a la vida pendiendo en aquellos bellos seres, las plantas, entregándoles toda su existencia, toda su frescura.
Y las pequeñas hormigas, tan colaboradas. Dedican su existencia a su comunidad. Pequeñas pero indispensables. Cada día es una lucha por encontrar y llevar alimento para su pequeña sociedad. Son admirables.
Todo es tan pacífico en este silencio, en este lugar. Todo es simplemente maravilloso.
Muchas veces miramos muy superficialmente lo que nos rodea y a quienes nos rodean. No observamos aquel mundo interno tan lleno de misterios y de luz. No apreciamos la naturaleza que nos rodea ni la naturaleza que se propaga en cada uno de nosotros.
Así como no todo es luz no todo es oscuridad.
Tal vez el sol no siempre brilla sobre nosotros porque también la lluvia nos ayuda a crecer.
Quizás la vida no siempre es como nosotros quisiéramos que fuera y aunque muchas veces no me lo crea es definitivamente lo mejor. Todos los caminos que decidimos seguir (algunos erróneos) hacen que cada experiencia sea interesante e inolvidable. Apreciarlos y no dejarnos vencer por los malos ratos es lo que permite que cada día busquemos nuevas formas de levantarnos y de seguir caminando. Nos permiten moldearnos, descubrir quiénes somos y descubrir que vale la pena vivir.

Yellowfaced


Amigo mío, te extraño.
Muchas veces en las noches te extraño; no sabes cómo pesa tu ausencia.

Recuerdo el día en el que te conocí. Te veías tan indefenso y a la vez un luchador, tu astuta mirada reflejaba un poco de desconfianza hacia mí y también terquedad, risa me da esa obstinación tuya que no sabías disimular.

Tenía miedo de acercarme a ti pues pensaba que me aborrecías y de repente, un día, nos empezamos a conocer. Desde ese entonces los días eran más gratos, el miedo y la desconfianza de ambos se esfumaron, y un sentimiento cálido nos comenzó a envolver.

Tu mirada reflejaba ahora alegría cuando me veías y en tus pequeños y sencillos ojos capulí yo podía sentir pureza y una confianza infinita que sabía sólo en ti, la encontraría.

Los años pasaban y nuestra amistad era más solida, eterna, no requeríamos de palabras para comprender al otro, bastaba una mirada y el mundo que escondíamos en nuestro ser se dejaba ver en medio de nuestras pupilas. Hasta que un día tus ojos dejaron de brillar.
Delicado y frágil, así te encontré.

Con la mirada triste, sin luz, esperándome.
Yacías allí en un pequeño rincón, yo me sentía más pequeña al saber que mi buen amigo había dejado de existir.

Dolor. Desolación. Quebranto. Ya no tenía quien me supiera escuchar en las noches; ¿con quién conversar con las miradas y el corazón?
¡Oh mi yellowface! Mi pequeño angelito alado, ¡Qué tristeza me invadió tu partida! Y a veces aunque tu ausencia corporal es real, sigo sintiéndote aquí, sigo sintiendo que me esperas para charlar, para cantar.

Mi pequeño amigo emplumado, porque no hay ser humano que pueda reemplazarte en tu pureza y gracilidad. No hay quien pueda llenar ese vacío inmenso que quedó después de tu partida, ese silencio casi eterno que se me clava en el corazón.

Mi verdadero amigo, el más noble que he conocido, no me importa qué concepto tiene la gente, no me importa que haya quienes piensen que seres tan transparentes como tú carezcan de alma por no pertenecer a la especie humana; lo único que sé es que no podría existir un cielo para mí si es que tú no estás en él.
Deseo y estoy segura de que algún día te volveré a ver mi hermoso yellowfaced.

jueves, 28 de enero de 2010

CO _ S_ _ _ S_O




Voy acercándome a una puerta que me llevará hacia otra realidad. Repentinamente se abre y los sonidos que empiezo a escuchar se presentan pretenciosos y vacíos.

Rostros pálidos detrás de una prisión transparente, de vidrio.
Rostros inexpresivos con cierto poder envolvente.

Hay otros seres como yo pero a la vez diferentes. Se quedan absortos en esos rostros, en esas figuras, en esos cuerpos inanimados.
La gente los mira y observan detenidamente lo que llevan puesto, ellos, los otros.

Miradas asombradas, sorprendidas…como si en aquellos cuerpos sin vida existiese algo resplandeciente. Como si un náufrago hubiese encontrado algún tesoro perdido.
Se trasportan hacia aquella prisión para visitar a aquellos seres inexpresivos.

Continúo con mi viaje por un pasillo resplandeciente pero a la vez sombrío. Ríos de gente, todos caminando apresuradamente; cada uno buscando su propio tesoro, absortos en sus conversaciones banales, algunas no tan insustanciales.
Vienen y van, van y vienen de un lado a otro a veces sin saber con exactitud lo que están buscando. Se amontonan de objetos y siguen en su búsqueda.
La lista es cada vez más grande.

Basta con pasar un pedazo de plástico por una extraña maquinita y ¡listo! El producto ha sido adquirido.

La gente se acumula de cosas y va olvidando lo que realmente importa.
Creen que las cosas pueden en de cierta manera suplantar los sentimientos, las emociones.
Y nos volvemos más inhumanos, más insensibles. Todos corremos el riesgo de convertirnos en aquellos rostros inexpresivos en “maniquíes” andantes…