domingo, 6 de diciembre de 2009

Ahogo


Qué hermosa niña. Estaba alegre.
Qué hermosa que era. Era diferente.
Sonreía con total libertad, sin ataduras, sin amargura.
Era feliz. Dios lo sabe.
Entonces, ¿qué pasó?
¿Por qué de repente las nubes se tornaron gris, incluso en los días de sol?
Como si algún gusano decidió entrar hacia su pequeña cabecita, intoxicándola, esparciéndole un veneno de efecto tardío.
Nadie lo vio venir, nadie se percató. Nadie lograba entender, descubrir que sucedía dentro de su mente y corazón.
Pasaban los días, los meses, los años. El gusano actúa apaciblemente, inyectándole dosis de dolor, de tormento, de tristeza, de deseos de muerte. Hasta ahora es así.
Pero el bicho es listo, la deja descansar. Deja que la niña muestre su sonrisa de vez en cuando y de esta manera que alumbre todo con su luz, con su dulzura. Así nadie sabe que él todavía permanece allí, listo para enviar otra dosis en cualquier momento, cuando nadie lo vea; quizá mientras la niña duerme, mientras sueña, mientras tiene pesadillas y los monstruos la atormentan; cuando ni ella misma sea capaz de defenderse.
Gusano, virus maldito. Te odiamos. Incluso tú mismo te odias, lo sabes bien.
¡Ya detente! Deja a la niña descansar, déjala jugar en libertad, ser ella y nadie más.
Déjala sonreír de verdad, no la ahogues más.
Por favor, aléjate de su mente…..de mí mente

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