lunes, 2 de agosto de 2010

Lo sé...


Me quedarán aquellos recuerdos…

Sentiré el aroma de las rosas de abril,
La ligera e inconfundible frescura de la menta en chocolate.
Porque nada de esto se olvida, no hasta el final de nuestras vidas.

Y ¿qué es la vida en sí? ¿Hasta cuándo dejamos de morir, cuando empezamos a vivir?
¿Cuándo un respiro se hace lo suficientemente fuerte como para ser escuchado por los oídos de quien nos contempla desde el infinito?

Me quedaran las caricias de mayo y los besos del verano.
Y desde dondequiera que te encuentres, sabrás que estoy pensando en ti. Y yo sabré que me recuerdas y que nada de esto fue ilusorio.
Desde una ventana, lejos de aquí, sonreirás aunque no pueda verte ya más.
Y quizá por un instante, por un ínfimo segundo saborees en tus labios, los recuerdos que tu memoria supo resguardar.

Me quedarán aquellos recuerdos, y vaya que no los podré borrar.
Porque la vida no sería vida sin todo por lo que he tenido que pasar.

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