Estoy aquí, en mi cama. A la espera de la tranquilidad.
No hay más que el sonido de los autos y el silencio en medio de la oscuridad.
Acostada, abrigada, envuelta entre cobijas que me atrapan sin querer.
Y entre medio de la calidez, voy soltando mi mente, comenzándome a desenvolver.
Es irónica la vida, tanto que amor yo pedía, y ahora parece que lo estoy obteniendo
y a la vez siento que lo voy perdiendo.
¡Qué gracioso! ¡¿Quién diría que algo así podría suceder?! ¡Y a mí!
Pasan los días, pasan los días. Los días pasan sin cesar.
Risas, y alegría. Sonrisas que guardadas estaban dentro de mí comienzan a aflorar
Mas siento que el invierno con sus lluvias y días grises me dice que están por marchitar.
Qué irónico en verdad. Tanto tiempo a la espera del amor, tanto tiempo buscándolo
Y ahora, siento haberlo encontrado así por casualidad. Irónico, ahora no me queda más que dejarlo.
Dejarlo partir. Dejarlo ir. Dejarlo volver a donde pertenece él.
¿Cómo hacerlo ahora? ¿Ahora que no tengo el valor para dejar de ser feliz?
Sabía que no debía encariñarme y sin embargo lo hice así sin darme cuenta.
Y ahora debo dejar que vaya de vuelta
Y siga siendo feliz, pero ahora sin mí.
Llegará allá, y quizá se encuentre con los brazos de alguien más.
Con los besos de otros labios, mas los míos ya no estarán.
No pienses más, me digo a mi misma. ¡Cómo desearía al tiempo poder detener!
Para poder disfrutar con él, interminables días de alegría y felicidad, sin nada que temer.
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