Y todos, absolutamente todos
tenemos un teléfono dañado.
A veces éste nos hace cometer errores
y otras nos hace abrir los ojos.
Lo terrible, es tener un teléfono dañado
en el corazón.
Por eso es de suma urgencia arreglarlo a tiempo,
de lo contrario podríamos hacer un daño terrible a los demás,
pero sobre todo, a nosotros mismos.
Lamentablemente hay corazones que no se reponen,
que no saben cómo sentir, que no saben cómo amar,
que no saben cómo perdonar.
Esos corazones necesitan mucha ayuda para sanar.
Y a veces son tan tercos, que no quieren ver el mal que se hacen a sí mismos,
y que sólo procuran escapar, cuando alguien los quiere ayudar.
Son corazones perdidos, pero que espero algún día se puedan aliviar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario