Escucho mi nombre y la verdad parece que la boca que lo pronuncia estuviera años luz distante de mí.
Escucho mi nombre nuevamente y con cautela abro mis ojos acomodándolos a la luz crepuscular.
¿Pero es acaso el crepúsculo? ¿o la mística oscuridad de un nuevo amanecer?
No lo sé.
Estoy desorientada, confundida, me siento irreal.
Como si la persona que mira a través de la ventana fuera un ser que acaba de nacer, de llegar a este mundo.
Como si alguien hubiera muerto en un lapso de tiempo tan corto, tan fugaz pero tan lejano a la vez, que no pudo darse cuenta que estaba siendo reemplazado en el instante que decidió cerrar los ojos.
Las sensaciones parecen nuevas, pasivas pero abrumantes.
Tal vez una parte de ella desapareció.
Tal vez una parte de ella se desvaneció en ese sueño.
¿Sigo siendo yo?
Sí.
No todo está perdido. Ella aún deambula por aquí, en mi mente respondiendo al nombre al cual nos acostumbraron, a los recuerdos que nos habitan y nos han creado. Respondiendo a mí.
Cada vez el tiempo se va acortando, para luego dejar de existir cuando los sueños velen a mis ojos cerrados.
Mi existencia será corta,trascenderá tan sólo como otro recuerdo más.
Mañana ella y yo seremos reemplazadas por aquella.
Aquella que aún no nace y que se encuentra adormecida dentro de mí.
Mañana.
Mañana será un nuevo día, pero ya no para mí.
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